La Hermandad de la Santa Caridad fue fundada en Sevilla a mediados del siglo xv y sus primeras reglas están fechadas en 1578, tenía entre sus cometidos trasladar al hospital a los enfermos desvalidos, asistir espiritual y temporalmente a los reos que eran condenados a muerte y darles sepultura. También prestaba auxilio cuando se producían riadas en el Guadalquivir y recogían los cadáveres que se encontraban en sus orillas.
El gran impulsor material y espiritual de la Hermandad fue Miguel Mañara que ingresó como hermano en 1662, un hecho que cambió y transformó de forma sustancial a la Hermandad de la Caridad, que pasó a ocuparse de los más necesitados vivos y no solo encaminada a honrar a los difuntos. Mañara pidió la cesión de una de las “reales atarazanas” que había mandado edificar el rey Alfonso X de Castilla en 1252 para la construcción de naves. Abrió las puertas del hospicio para que todas las personas sin techo pudiesen encontrar refugio para pasar la noche en él. Emprendió la creación de un comedor y de un hospital dotado de 50 camas. Para su acción incrementó en más de 500 las personas que ingresaron en la Hermandad y elevó de manera astronómica la recaudación de limosnas entre 1661 y 1679 en un millón de ducados, que fueron gastados en socorro a los pobres y otras obras caritativas.
La cofradía disponía en el barrio del Arenal, vecino a las Atarazanas, de una pequeña ermita destinada a culto, bajo la advocación de San Jorge. En 1645, antes de la llegada de Miguel de Mañara a la institución, habían adquirido un solar para la construcción de una nueva iglesia.